Antes de migrar, prepara tu infraestructura

En el mes pasado, en el texto que está aquí se hizo un repaso panorámico sobre tres cuestiones fundamentales que deben abordar las empresas como parte de la permanente necesidad de gestionar adecuadamente los sistemas informáticos del negocio: infraestructura, base de datos y funcionalidad. Ese examen se hizo desde la perspectiva de aquellos negocios que por cualquier diversidad de motivos no están hoy en condiciones de migrar a la nueva suite de negocios S/4HANA, pero que se proponen hacerlo antes de 2027, año en el que SAP dejará de dar mantenimiento a su actual SAP Business Suite 7, que incluye las aplicaciones SAP ERP 6.0, SAP Customer Relationship Management 7.0 y SAP Supply Chain Management 7.0, entre las más usadas.

En este texto se examinará con mayor detalle lo que atañe al primero de esos aspectos, la infraestructura. Como consideración básica se parte de que el promedio de vida útil que tienen los equipos del centro de datos de una empresa cualquiera es de cinco años. Por lo tanto, todos los usuarios de SAP pasarán cuando menos por un proceso de renovación de servidores en el lapso que aquí interesa.

La hiperconvergencia

El concepto de arquitectura hiperconvergente, que ya tiene unos cinco años de circular, consiste en dejar atrás la arquitectura de tres niveles tradicional: almacenamiento (storage), recursos informáticos (compute) y red (network). El mayor rendimiento de las memorias y CPUs actuales hace posible configurar sistemas compuestos por una batería de servidores x86 interconectados entre sí mediante software. Los gastos de capital (capex) se reducen de modo importante pues se prescinde de controladores, matrices de almacenamiento y otros implementos. La gestión se hace más simple, consume menos tiempo y se puede confiar en personal que no requiere de capacitación altamente especializada.

Además de los ahorros netos en costos que esta arquitectura representa, su mayor virtud descansa en su gran flexibilidad. Configurar un nuevo ambiente es cuestión de horas, y las cargas de trabajo se activan en minutos. Para resolver escalamientos, horizontales o verticales, basta con agregar más servidores, sin que ocurran interrupciones de servicio. Esto permite crecer el centro de datos y aprovechar las herramientas digitales de manera ordenada, al paso que se introducen nuevas aplicaciones o se extiende su uso a otros procesos o áreas dentro de una organización.

Consideremos un ejemplo, una empresa usuaria de SAP que no tiene la base de datos HANA. La capacidad de su ambiente productivo —medida con la unidad que describe el desempeño de una cierta configuración en un ambiente SAP—, es de 20,000 SAPS. Además, dispone de un ambiente de desarrollo y otro de calidad y su capacidad total asciende a 45,000 SAPS. La tasa con la que crece su demanda del sistema es de 5% anual. En la ruta hacia 2027, esta empresa habrá de hacer el cambio a “suite on HANA” (que es como coloquialmente se describe a un sistema compuesto por SAP ERP 6.0 EHP8 y base de datos HANA), como parte de su acondicionamiento para la migración definitiva a S/4 HANA.

Con la nueva base de datos HANA, las necesidades de la empresa del ejemplo podrían ser de 40,000 SAPS en el ambiente productivo, 20,000 para el de calidad y 10,000 para desarrollo. La arquitectura hiperconvergente le permitirá ampliar su capacidad solamente con conectar más servidores. Aun así, en algún momento deberá crecerla, para satisfacer la necesidad de tener funcionando los sistemas actuales y los que habrán de sustituirlos. En cuanto se apaguen los sistemas actuales, por obsoletos, la hiperconvergencia permitirá aprovechar la capacidad de cómputo desocupada para configurar ambientes de prueba o para satisfacer las capacidades de cómputo que vendrán aparejadas de un uso más intensivo para la operación del negocio, todo ello sin la compleja serie de tareas que son inevitables cuando se desea adaptar un sistema con arquitectura de tres niveles.

La nube

Destacar las ventajas de flexibilidad que la hiperconvergencia permite nos lleva a tomar en consideración otra posibilidad, la infraestructura como servicio (IaaS, infrastructure as a service), lo que se conoce más comúnmente como “la nube”. De la misma manera que un individuo obtiene el permiso de habitar una vivienda que no le pertenece a cambio de pagar un alquiler, las empresas pueden contratar hoy día el permiso de ocupar la capacidad de cómputo de unos servidores pagando una cuota por el uso.

Proveedores de este servicio son ya numerosos y nada impide a una empresa aprovechar los productos de SAP por esta vía. De ahí, la primera cuestión que se debe tener presente cuando se contempla acudir a la nube es que el proveedor esté certificado por SAP. En el caso de los tres grandes competidores a nivel mundial, Microsoft Azure, Amazon AWS y Google Cloud, esto se da por sentado.

Ante la perspectiva de futuros y frecuentes ajustes a la infraestructura, en el marco de un acelerado proceso de expansión o de un proyecto de transformación digital, una empresa que tenga su centro de cómputo en un espacio que le pertenece (en sitio u on premise, por emplear el término en inglés) no debiera desechar por anticipado la alternativa de mudar toda su operación a la nube. La ventaja más notoria es que así podrá regular la cantidad de SAPS que costea a la cifra más próxima a la necesidad de su operación, ni en exceso ni insuficiente.

A los proveedores de IaaS con esta capacidad de escalar al alza o a la baja su servicio se les conoce en la industria como hyperscalers. Es como si el inquilino de la analogía anterior pudiera de un día a otro crecer o disminuir el número de recámaras y demás espacios según el tamaño de su familia. Al igual que el inquilino se desentiende de los problemas implícitos en mantener un inmueble en buen estado, la ventaja de contratar servicios en la nube libera de las preocupaciones de adquirir, instalar o desinstalar y mantener los aparatos y los sistemas operativos que posibilitan su funcionamiento.

Otros factores

En el contexto del asunto principal de este texto, que consiste en orientar la toma de decisiones para los usuarios de SAP durante los próximos años, existen tres factores adicionales que deberán sopesar cuando tengan que actualizar su infraestructura: calidad del servicio de internet, rapidez necesaria para resolver la actualización y costos.

La contraparte de aprovechar la extrema flexibilidad que está en la médula del concepto de IaaS está en cumplir una condición: que la empresa disponga de un servicio de internet con la amplitud de banda suficiente. Si esto no se logra, cualquier otro argumento a favor de la nube cae por tierra.

La cuestión de rapidez depende de qué tan comunes o no sean los servidores que se necesitan. El periodo de entrega de los fabricantes suele oscilar entre seis y ocho semanas, pero necesidades fuera de la norma pueden afectar significativamente estos tiempos. Un servicio en la nube, en cambio, se obtiene a la medida exacta en cuestión de horas.

Por último, está el factor del gasto y su manejo contable. La opción de la nube permite considerar a la infraestructura en el rubro de los gastos operativos; la opción on premise necesariamente significa un gasto en capital. Pero dependiendo de las necesidades concretas y las circunstancias actuales de cada caso en particular, existe siempre la posibilidad de que una instalación on premise resulte más conveniente en términos económicos, aunque de primera instancia parezca que no es así.

Ante el abanico de posibilidades, ¿cuál es la que más conviene? No hay una respuesta única y por eso siempre conviene obtener la asesoría de un especialista que conozca las implicaciones de largo alcance al optar por un camino u otro. En AK Consulting tenemos ya diez años de experiencia en resolver las complejidades al evaluar diferentes escenarios.