Cuando tenía 14 años salió de su pueblo para estudiar, ingresó a Chapingo. Utilizó los últimos pesos que tenía para hacer un examen de inglés y poder ser becada en EU y lo logró
Tania Eulalia Martínez Cruz es una indígena mixe, lleva rebozo, blusa de manta con bordado a mano Su abuela no hablaba español. Obligada por la pobreza, su madre huyó de Oaxaca siendo una niña.
No ha olvidado su tierra ni su historia, pese a vivir hoy del otro lado del mundo. Se ha sobrepuesto a los malos momentos, uno tras otro, como si cada uno le dijeran que no podía seguir adelante.
Cuando tenía 14 años salió de su pueblo para estudiar y huir de la violencia intrafamiliar; ingresó a la Universidad Autónoma Chapingo. Utilizó los últimos pesos que tenía para hacer un examen de inglés y poder ser becada en Estados Unidos, lo logró y hoy es una alumna de excelencia que realiza su doctorado en Holanda, becada por el Conacyt.
“Llévate este rebozo, quiero que les digas a los que viven allá en el otro mundo quiénes somos, cómo vivimos y qué hacemos. Llévatelo para que nos recuerdes, para que no nos olvides”, fueron las palabras que le dijo su abuela Eulalia el día que partió a Holanda, hace tres años.
Es pequeña y de piel morena, lleva el cabello largo y habla con fortaleza, firme y segura. Tania empieza tres generaciones antes, describe a su abuela Eulalia como una mujer mixe que no fue a la escuela y que no hablaba español, que fue madre a la edad de 14 años, siempre trabajadora. De ella aprendió a sembrar la tierra.
Describe a su madre como un ejemplo de perseverancia. Obligada por la pobreza, salió de Oaxaca hacia la Ciudad de México cuando tenía nueve años. “Aquí usó zapatos por primera vez, aprendió español y aunque ella quería ser médico, fue de los primeros maestros indígenas”.
Para poder acceder a educación, su padre tuvo que escapar de su casa e ir a otro pueblo. Es hija de maestros indígenas que caminaban largos tramos por bosques y bajo la lluvia para poder enseñar en mixe y español, y dar una educación digna. Disfruta caminar con ellos.
A los 14 años tomó la decisión de iniciar un viaje sola; quería estudiar y construir un entorno sano, en paz y libre. Su familia, confiesa, era víctima de alcoholismo y violencia. Escuchó el consejo de su hermana de 17 años y se fue “para no estar triste”. Agradece a sus padres: “Hoy estudio un doctorado en la Universidad de Wageningen, Holanda, becada por el Programa de Becas para Indígenas”, dice.

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